
Una tarde de lluvia en la biblioteca del Centro, mientras organizo el fichero de plantas en Notion y siento los primeros síntomas de un resfriado, recuerdo por qué dejé de confiar solo en el botiquín de la farmacia. No es que tenga nada en contra de la medicina convencional, para nada, pero hay algo en el ritual de calentar el agua que me calma antes de dar el primer sorbo. Mirá, te cuento: yo me crié en una casa donde mi madre solo confiaba en la farmacia de la esquina. Si mi abuela mencionaba de pasada un té de manzanilla, mamá se reía. Así que crecí sin saber nada de yuyos.
Todo cambió en 2020. Cuando la biblioteca cerró por nueve meses, una amiga que andaba metida en la naturopatía me pasó un curso online sobre plantas curativas. Al principio lo hice por distracción, pero el hábito de bibliotecaria de tomar notas estructuradas me ganó. Hoy, cuatro cursos de Hotmart después, tengo una base de datos en Notion que es mi tesoro. No soy herborista ni médica, soy una bibliotecaria que estudia y anota. Y hoy quería compartirte lo que aprendí sobre el arte de la infusión, que parece fácil, pero tiene su ciencia.
¿Cómo se hace una infusión que de verdad sirva para algo?
Antes de estudiar el primer módulo del curso de 'Herbolaria Práctica' con la profe Susana, yo pensaba que hacer un té era simplemente tirar cualquier planta en agua hirviendo y esperar a que el agua cambiara de color. Pero mirá, lo primero que aprendí es que si no tapás la taza, estás tirando la mitad del beneficio al aire. Susana lo explicaba de una forma muy gráfica: los principios activos de muchas plantas, especialmente las flores y las hojas, son aceites esenciales volátiles.
En el curso dicen que esos aceites son los que llevan la 'fuerza' de la planta. Si dejás la taza destapada, el vapor se lleva esos aceites y lo que te terminás tomando es agua con color y poco más. Ahora tengo la costumbre de poner un platito de cerámica sobre la taza. Es un momento casi mágico: cuando pasan los diez minutos y levanto el plato, veo el vapor caliente de la manzanilla chocando contra el platito de cerámica que uso para tapar la taza, dejando gotas de esencia pura que vuelven a caer al líquido. Eso es lo que realmente querés aprovechar.
Lo que todavía no termino de entender del todo es si el material de la taza influye tanto como dicen algunos hilos de herboristería en internet. En el curso mencionaron que mejor evitar el metal, pero no explicaron exactamente por qué a nivel químico. Yo, por las dudas, uso mis tazas de cerámica de siempre. Si te interesa profundizar en cómo empecé este camino desde cero, hace un tiempo escribí sobre cómo aprender sobre plantas medicinales desde casa para principiantes, que quizás te sirva si estás en esa etapa de curiosidad inicial.
¿Por qué mi té de manzanilla siempre queda amargo o no me hace nada?
Esta es la pregunta que yo misma me hacía después de unos tres meses de práctica. Resulta que yo tenía la costumbre de dejar la bolsa o las flores ahí adentro una eternidad, pensando que 'cuanto más tiempo, más fuerte'. Error total. La profe Susana insistía mucho en que el tiempo estándar de infusión para flores y hojas es de 5 a 10 minutos. Si te pasás de eso, empezás a extraer taninos y otras sustancias que no solo amargan el sabor, sino que a veces pueden irritar el estómago.
Me pasó hace un par de semanas: tuve la mueca de disgusto al probar una infusión de diente de león que dejé reposar quince minutos de más por quedarme leyendo un catálogo de la biblioteca. Estaba intomable. Además, el agua no tiene que estar hirviendo a borbotones cuando toca la planta. La temperatura de ebullición del agua a nivel del mar es de 100°C, pero para una infusión delicada, lo ideal es que haya bajado apenas un poquito, a unos 90°C, para no 'quemar' los componentes más sensibles.
En mis notas de Notion tengo anotado que la proporción estándar es una cucharadita de planta seca por cada taza de 250 ml. Si usás planta fresca, tenés que usar el doble, porque tiene mucha agua. Esto es lo que aprendí en el curso, no es una regla matemática universal, sabés que cada cuerpo es un mundo. Lo que todavía me genera dudas es cómo medir exactamente esa temperatura sin un termómetro de cocina; yo simplemente espero un minuto después de que la caldera chilla.
¿Es lo mismo hervir la planta que echarle agua caliente?
Mirá, este es el error más común y yo lo cometí mil veces antes de hacer el segundo curso sobre botánica aplicada. Existe una diferencia fundamental entre la infusión y la decocción. La infusión es para las partes blandas: hojas (como la menta o la melisa) y flores (como la manzanilla o la caléndula). Ponés la planta en la taza, echás el agua caliente encima, tapás y esperás.
La decocción, en cambio, es para las partes duras: raíces, cortezas o semillas. Ahí sí tenés que hervir la planta junto con el agua durante unos minutos. Si hacés una infusión de una raíz de jengibre picada, te va a quedar algo muy suave que apenas extrajo sus propiedades. Pero si hervís una flor de manzanilla, la destruís. Según mis apuntes, tratar a todas las plantas por igual es como tratar de cocinar un fideo y un asado al mismo tiempo y con el mismo fuego.
En el curso de fitoterapia que terminé a finales de noviembre, explicaban que para temas digestivos, por ejemplo, es fundamental respetar estos procesos. Si estás buscando algo específico para el sistema digestivo, yo anoté varias cosas interesantes sobre cuáles son las mejores plantas para limpiar el hígado graso naturalmente, donde la forma de preparación cambia según si usás la hoja o la raíz de la planta.
¿Se pueden mezclar plantas o es peligroso?
Al principio yo quería mezclar todo: un poco de esto para el sueño, un poco de aquello para la panza. Pero en el tercer curso me bajaron a tierra. 'Menos es más', decía el instructor. Mezclar más de tres plantas en una misma infusión puede hacer que los componentes compitan entre sí o que, simplemente, no sepas qué es lo que te está haciendo efecto (o qué te está cayendo mal).
Lo que sí aprendí es que hay 'mezclas sinérgicas'. Por ejemplo, la manzanilla con un poquito de melisa para relajarse antes de dormir. Pero ojo, acá es donde siempre digo: yo soy bibliotecaria, no médica. Si tomás medicación para la presión, para el corazón o cualquier tratamiento crónico, tenés que hablar con tu médico de cabecera o consultar las guías del Ministerio de Salud Pública de Uruguay. Hay plantas que pueden anular el efecto de un medicamento o potenciarlo de forma peligrosa.
Lo que todavía no cubrieron los cursos que tomé es el tema de las dosis exactas para niños o ancianos. Por eso, en mi fichero de Notion, esa parte está marcada con un cartel rojo de 'Consultar profesional'. Nunca te bases solo en lo que leés en un blog, ni siquiera en este que escribo con tanto cariño. La seguridad siempre está primero, especialmente con los yuyos que parecen inofensivos pero tienen química real en sus hojas.
Reflexiones de una bibliotecaria entre tazas y libros
Mirar hoy mi base de datos de Notion y darme cuenta de que, aunque no soy experta, el orden del bibliotecario me ha dado la seguridad para preparar mi propia medicina natural cada noche, es algo que me llena de satisfacción. Pasé de ser alguien que no distinguía el pasto de la menta a tener un fichero con más de cincuenta fichas técnicas de plantas que crecen acá nomás, en los jardines de Montevideo o en las macetas de mi balcón.
Preparar una infusión se volvió mi momento de desconexión después de ocho horas de atender gente en el mostrador de la biblioteca. Ese olorcito que sale cuando levanto el plato, esa temperatura justa que me calienta las manos... es una forma de autocuidado que no tiene precio. No necesitás ser un gurú de la naturaleza, solo necesitás un poco de paciencia, un platito para tapar la taza y el respeto por los tiempos de cada planta.
Si te interesa empezar con un método estructurado como el mío, el material que terminé recomendando siempre es el curso de 'Herbolaria Integral' que está en Hotmart, que fue el que me dio la base para armar mi fichero. Pero recordá, lo más importante es que escuches a tu cuerpo y que, ante cualquier duda, siempre recurras a un profesional de la salud. Las plantas están para ayudarnos, pero hay que saber tratarlas con el respeto que se merecen.


