
Tengo dos pestañas abiertas en la laptop que dejo siempre prendida sobre el escritorio, con la ventana que mira al patio de atrás del edificio a un costado: en una, un video suelto de una cuenta de bienestar natural que nunca había visto antes; en la otra, un módulo de uno de los cursos que fui tomando estos años, en la misma base de Notion donde llevo mis fichas. Al lado del teclado tengo la carpeta con los módulos impresos de cada curso, apilada, y un frasco chico de planta seca que quedó de una de las primeras fichas que armé. Las dos pestañas hablan de manzanilla, pero cada una cuenta una versión distinta, y ahí fue cuando entendí que aprender herbolaria para principiantes desde casa no es solo cuestión de tener tiempo libre: es saber a cuál de las dos fuentes hacerle caso cuando se contradicen.
Antes de estudiar esto en serio probé de todo por mi cuenta, sin comparar nada: pastillas de melatonina importadas para el insomnio que lo único que me daban era una pesadez horrible al día siguiente, sin que nadie me explicara por qué pasaba eso. Fue por eso que empecé a fijarme en qué fuente decía qué y a anotar de dónde salía cada dato, un hábito que terminó en una regla simple: uso lo disperso para orientarme rápido sobre un tema nuevo, y reservo lo estructurado —un curso, una fuente oficial— para cualquier cosa que vaya a aplicar en mi propio cuerpo.
Aprender suelto por internet o seguir un curso con estructura: los dos caminos que evalué
Un camino es el que te ofrece cualquier buscador: videos cortos, cuentas de bienestar, publicaciones sueltas que prometen que con una sola hierba se resuelve todo. El otro es el que elegí después de la primera confusión, uno de los cursos online de plantas curativas, con módulos ordenados y una profesora, Susana, que insistía en que lo importante no es tener jardín ni herencia familiar de plantas, sino la capacidad de observación. Ese curso menciona que todo esto entra dentro de lo que se llama fitoterapia, aunque no me metí a fondo en esa definición porque no era el foco de ese módulo.

Lo que ese curso estructurado sí me dejó claro, y que ningún video suelto me había explicado antes, es que el primer paso real es la identificación: no podés estudiar nada en serio si no distinguís una hoja de otra. Insistían mucho en los nombres científicos y no en los populares, porque el nombre de una planta cambia según el barrio o el país y ahí es fácil mandarse una macana. Lo que todavía no tengo resuelto, ni con el curso ni mirando contenido gratuito, es identificar plantas parecidas en fotos digitales: la resolución del video no siempre alcanza para saber si un borde de hoja es aserrado o liso, y ahí las dos fuentes se quedan cortas por igual.
La versión que te deja más tranquila a la hora de armar tu fichero de plantas en Notion
Con notas sueltas, en cuadernos y capturas de pantalla guardadas sin ningún orden, nunca sabía dónde había leído qué. Fue mi costumbre de bibliotecaria la que resolvió esto: pasé todo a un fichero de plantas en Notion, categorizado por acción farmacológica y no solo por nombre de planta, como enseñaba el curso de herbolaria práctica que hice después.
La dosis fue otro problema aparte. El curso hablaba de "dos partes de malva por una de llantén" y yo, que soy cuadriculada, necesitaba un número, no una proporción a ojo. Ahí entendí que un mismo principio activo no le pega igual a dos personas, así que empecé a anotar mis propias reacciones al lado de cada ficha, algo que profundicé bastante cuando armé la entrada sobre cómo tratar la gastritis con plantas naturales según mis apuntes de estudio. Hay una tarde que tengo anotada ahí: tomé la infusión de manzanilla antes de entrar al mostrador de atención al público y terminé el turno sin el ardor que normalmente me agarraba a esa hora, no lo cuento como prueba de nada, más bien como el tipo de dato que solo se nota si lo vas registrando. Mi compañera Anabela, que se sienta al lado mío en el mostrador y mira mis fichas nuevas con más ironía que fe, fue la primera en darse cuenta de que esa entrada contradecía algo que yo había anotado en un módulo anterior sobre la misma planta, y tuve que volver atrás a revisar cuál de las dos fuentes tenía razón.

Además de esa columna de reacciones, el fichero quedó con casillas para el nombre científico, para no confundirme, la parte de la planta que corresponde usar, porque no es lo mismo la raíz que la flor, y el método de preparación de cada una. La diferencia entre preparar una infusión y una decocción es otro tema que dejé desarrollado aparte, en la ficha sobre recetas de infusiones naturales para el dolor de cabeza y el estrés, así que acá no me repito.
Un baldío cerca de Plaza Cagancha me enseñó lo que ningún video sobre plantas exóticas explicaba
El contenido disperso tiende a mostrar plantas exóticas, de la India o de la selva amazónica, con fotos preciosas y poca aplicación real para alguien que vive en un apartamento en Montevideo. El curso de botánica urbana que hice después me llevó para el otro lado: me hizo mirar lo que crece en las grietas de la vereda, ahí nomás, en Plaza Cagancha, cuando paso caminando de vuelta a casa. El diente de león o el llantén, que salen en cualquier lado, son laboratorios vivientes según ese curso, y entender bien cinco plantas que ves todos los días te sirve más que memorizar cien que nunca vas a tocar.

Lo que todavía no termino de resolver es el tema de la contaminación urbana. En el curso decían que no hay que recolectar nada a menos de diez metros de una calle con mucho tránsito, pero caminando por Plaza Cagancha esa distancia es casi imposible de conseguir, así que por ahora sigo comprando la hierba seca ya procesada en vez de cosechar la mía.
La seguridad antes que la curiosidad: lo que un curso estructurado explica y lo disperso no
Mi madre todavía me mira con cara de duda cuando me ve anotando propiedades de plantas, como si de golpe me hubiera vuelto curandera. No lo soy, ni pretendo serlo, sigo siendo alguien que estudia el material que tiene a mano, nada más. Y ahí es donde el camino disperso se queda corto: cualquiera sube un video diciendo que tal hierba "no tiene contraindicaciones", pero eso rara vez es del todo cierto.
En uno de los cursos de seguridad que hice insistían en algo que después confirmé por mi cuenta buscando en fuentes oficiales: usar cualquier planta medicinal durante el embarazo, la lactancia, o junto con medicación recetada, necesita antes una consulta médica, porque hay plantas que pueden generar contracciones, cambios hormonales, o alterar cómo actúa otro medicamento. Eso no lo vi explicado con ese nivel de cuidado en ningún video suelto, ahí el curso estructurado le ganó por lejos a lo gratuito. El curso tampoco entraba mucho en la diferencia entre usar una planta por vía tópica o de forma interna, que es otra distinción importante y que dejo para otra ficha.
Mi compañera de grupo de estudio, Emilce, me escribió una vez discutiendo justamente esto: no estaba de acuerdo con algo que había dicho la profesora del curso sobre una hierba y la presión arterial, y me hizo ir a buscar qué decían las guías oficiales antes de darle la razón a cualquiera de las dos. Ahí terminé revisando lo que publica el Ministerio de Salud Pública sobre plantas medicinales, que sirve para contrastar lo que dice cualquier curso, pago o gratuito.

Elegí un camino según lo que necesitás, no según lo que esté de moda
Con todo esto ya recorrido, no te diría que un camino es siempre mejor que el otro. Lo disperso, videos cortos, cuentas de bienestar natural, publicaciones sueltas, sirve para tener una primera idea rápida, gratis y sin comprometerte a nada; el problema es que no hay manera de saber si quien habla tiene formación real, y las contraindicaciones casi nunca aparecen mencionadas. Sobre esto último armé una ficha aparte sobre cuáles son las mejores plantas para bajar de peso de forma natural, después de ver cuánta información suelta ignoraba justamente las contraindicaciones de cada planta.

El camino estructurado, con un curso y un sistema propio de fichas, pesa más al principio: hay que sentarse, tomar notas, comparar módulos entre sí. Pero es el único que, hasta ahora, me dio una forma de detectar cuándo dos fuentes se contradicen y de guardar la duda en vez de tragarme cualquier respuesta. Si estás arrancando de cero, te diría que uses lo disperso para orientarte sobre qué plantas existen y para qué se usan en general, y que reserves lo estructurado para el momento en que quieras aplicar algo en tu propio cuerpo, ahí es donde la falta de método deja de ser inofensiva.
Al final, estudiar plantas desde casa se parece bastante a ordenar una biblioteca: no se trata de leer todo lo que existe, sino de saber dónde guardaste cada dato y por qué confiás en él. Esa costumbre, más que cualquier curso puntual, es lo que me sirvió para no perderme entre tanta información suelta.